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Reunion Regional Mérida. Mérida, Yuc. a 17 de febrero de 2006.

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL MVZ JORGE CARLOS BERLÍN MONTERO EN LA REUNIÓN CON LOS INTEGRANTES DE LA COMISIÓN DE INFORMACIÓN Y SEGUIMIENTO DEL PACTO DE CHAPULTEPEC, EN LA HACIENDA CHENKU, MÉRIDA, YUCATÁN, EL DÍA 17 DE FEBRERO DEL 2006.

PALABRAS DE MVZ JORGE CARLOS BERLÍN MONTERO.
 

Estimados integrantes del Acuerdo de Chapultepec,
Compañeros y compañeras cenecistas,
Distinguidos invitados,
Señoras y señores,

Bienvenidos,
Los campesinos de Yucatán abren hoy sus brazos para recibir con gran alegría y optimismo a los integrantes del Acuerdo Nacional para la Unidad, el Estado de Derecho, el Desarrollo, la Inversión y el Empleo que hoy están con nosotros, los cenecistas de Yucatán les damos la más cordial bienvenida. Permítanme iniciar mis palabras con unos fragmentos del libro de los cantares de Dzitbalché.

El día se hace fiesta para los pobladores
va a surgir la luz del sol en el horizonte
va y va así en el sur como en el norte
así por el oriente como por el poniente.

Alegría del día de fiesta aquí en el pueblo
porque una nueva luz viene a alumbrar a todos los hombres
a todos los hombres que viven unidos aquí en el pueblo.

Para nosotros, como hace cuatro siglos, hoy es día de fiesta, de unidad y de compromisos.

El deseo de una nueva sociedad, justa, incluyente, competitiva y con oportunidades, ha estado siempre presente en el corazón de cada uno de los mexicanos, la iniciativa del Acuerdo Nacional para la Unidad, el Estado de Derecho, el Desarrollo, la Inversión y el Empleo, retoma esta esperanza y convoca a la sociedad civil a unirse y sumar fuerzas, para lograrlo, ese espíritu reinará en esta reunión de trabajo.

Los productores yucatecos descendientes de la raza maya, durante varios siglos han visto con gran sabiduría, cómo la sociedad evoluciona y se transforma, el pueblo mestizo de Yucatán, con paciencia fue incorporando a su vida, costumbres y formas que ahora son parte de su cotidianeidad.

Los yucatecos de cualquier estrato social, cada día, sin darse cuenta, se asemejan a esa gran cultura milenaria que inventó el cero, construyó palacios y observatorios astronómicos.

Según el censo del año 2000 en Yucatán el 37% de la población mayor de cinco años hablaba la lengua maya, Yucatán es el estado con mayor porcentaje de población indígena de México, ese es el origen de la cultura yucateca. Muchos de ellos todavía viven en casa rústicas y reciben ingresos menores a un salario mínimo, su reclamo de justicia ha sido silenciado por muchos años pero no puede aguantar más.

Durante siglos floreció en Yucatán la gran cultura maya, orgullo de todos los mexicanos, millones de personas vivieron en estas planicies, hombres y mujeres dedicados a las artes al estudio, al comercio y a la agricultura, se tienen indicios arqueológicos incluso de explotaciones agrícolas irrigadas en algunos valles de la península, mucho antes de que llegaran los españoles. Ahora en el Siglo XXI, el de la globalización, el Internet y la comunicación satelital, la mayoría de los productos agrícolas que consumimos son importados.

Los adelantos tecnológicos no han aprovechado aún inteligentemente las horas-sol que bañan durante todo el año a la península de Yucatán y que la hacen apta para producir toda clase de hortalizas y flores que demandan los países del norte desarrollado. Cuando en Canadá, por ejemplo, están a temperaturas bajo cero, en Yucatán disfrutamos de agradables temperaturas por arriba de los 24 grados. Con tecnología regional o tecnología moderna, los yucatecos sabemos producir de las piedras y de los invernaderos productos que han competido en calidad y precio en los anaqueles de Nueva York.

Mientras en gran parte del país y en el resto del mundo sufren de escasez de agua, Yucatán está asentado sobre grandes yacimientos subterráneos que provienen de los escurrimientos del peten guatemalteco, ríos subterráneos de agua dulce que corren hacia el mar, susceptibles de ser aprovechados para la agricultura o la industria y que tienen que ser cuidados escrupulosamente como la más grande riqueza de Yucatán.

El campesino maya espera y calla, mira y reflexiona, su inteligencia le ha permitido sobrevivir, pero sabe que los tiempos pueden ser mejores, la tierra, el sol y el agua fueron dadas generosamente a este pueblo que aguarda que hombres inteligentes y bien intencionados se unan a ellos y hagan resurgir nuevamente esta tierra, nuevas generaciones de hijos de campesinos se han preparado. Mientras algunos jóvenes de origen maya participan en empresas internacionales que producen tecnología de punta, los más se van de braceros en busca de oportunidades que nosotros no hemos podido darles, la fuerza, el compromiso y la inteligencia de los mayas actuales debe ser aprovechada en beneficio de su pueblo.

Ellos, los jóvenes, están listos para optimizar a favor del desarrollo de Yucatán la infraestructura construida por sus padres; dos aeropuertos internacionales, tres plantas generadoras de electricidad, un puerto de altura con instalaciones para tráfico de mercancías y turismo, puertos de abrigo, parques industriales, la Universidad de Yucatán, Institutos Tecnológicos Industriales y Agropecuarios, Universidades Tecnológicas, Universidades Privadas, Servicios Médicos de Calidad, 300 km. de litorales con innumerables especies, playas, ríos y ciénagas, puertos típicos de pescadores, puertos de abrigo y marinas turísticas; ciudades coloniales, conventos, haciendas, ciudades mayas, sac-bes, grutas, cavernas, cenotes, artesanías, folklore, una variada y rica gastronomía y una muy importante red carretera son algunas de las oportunidades de negocios, empleo e inversión que Yucatán tiene.

Otra de las oportunidades desaprovechadas de Yucatán es su estatus sanitario reconocido por organismos internacionales, que le permite exportar sin restricciones, aves, huevo y productos derivados de la carne a casi cualquier parte del mundo.

La diversificación productiva llegó a Yucatán hace algunos años, y llegó para quedarse, 21 mil hectáreas sembradas de cítricos, seis mil hectáreas de hortalizas, 1000 hectáreas de sábila, 800 de pitahaya, 700 de coco, 1200 hectáreas de papaya y primeros lugares nacionales en producción de huevo de pato y pollo, así como 788 mil cabezas de ganado porcino, 750 mil cabezas de ganado bovino, 9 mil toneladas de miel que producimos anualmente y gran parte de estas abastecen el mercado europeo, más de 16 millones de aves son prueba de esto.

Debemos reconocer el compromiso con los milperos mayas tradicionales que cultivan más de 150 mil hectáreas de maíz y con las 14 mil hectáreas sembradas por los productores henequeneros que a pesar del desinterés de las autoridades actuales, continúan teniendo socialmente una gran importancia en las actividades agrícolas del estado. Yucatán en menos de 20 años pasó de una agricultura de monocultivo a una economía diversificada. Pudimos hacer esto y se puede hacer más.

La falta de visión, la desintegración social, los intereses partidistas y la corrupción han impedido que los mayas yucatecos alcancen su pleno desarrollo, miremos a nuestro alrededor sin egoísmos y reconozcamos lo hecho y lo que falta por hacer, sin revanchismos ni mezquinos intereses.

El diagnóstico que se nos ofrece de nuestra actual realidad es sombrío; descendemos en competitividad como país, en educación estamos calificados como los últimos, la inversión en el campo cada vez se retira más, no basta entonces que la macroeconomía esté en bonanza si aquí abajo nuestra realidad es una fábrica de pobres y de desempleados, no es suficiente que nos digamos demócratas, si nuestra democracia está degradada, la competencia por el poder está desbordada por los escándalos mediáticos y por las denuncias de graves lacras que alejan a los electores de las urnas.

Hoy la sociedad civil ya no es una masa muda, su hartazgo tiene un límite, por eso, como nunca participa, levanta iniciativas, sacude conciencias, los campesinos creemos en la democracia, cuidamos nuestra libertad, luchamos por la justicia. Defendemos la soberanía de México.

La CNC, lo ha dicho nuestro líder nacional Heladio Ramírez López, y aquí en Yucatán lo reiteramos es partidaria de concertar acuerdos en objetivos comunes, de encontrar coincidencias aún desde posiciones ideológicas diferentes, sobre todo cuando nos hemos dado cuenta de las dificultades para el diálogo entre poderes y sectores sociales, cuando muchos propósitos se desvanecen por fatiga, por los excesos de retórica o por la falta de contenidos prácticos.

Con mucho esfuerzo hemos avanzado, pero no ha sido suficiente, es la hora de tomar acuerdos, es el momento de la unidad, es posible hacerlo, unamos fuerzas y voluntades, busquemos el bien de los más y despojémonos de vanidades y personalismos, es tiempo, ya no lo desperdiciemos.

Esa es la razón por la que vemos con profundo interés este gran acuerdo nacional, porque estoy convencido, que el activismo civil sacudirá las conciencias de los mexicanos, de todos, con tolerancia, sin soberbia, respetando las ideas, respetando los valores. En Yucatán los productores y campesinos mayas estamos dispuestos a hacerlo.